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agosto 3, 2017

RESEÑA: Una noche del cielo al infierno con OMD

Un salto a los 80’s con dosis de nostalgia exquisita y sublime, patrocinada por Orquestral Manouvers in The Dark.

  • Por Fabiola Pérez Cortés.
  • Fotos: Valentina Cortese para Euritmia Live.

Parece que fue ayer, cuando Peter Hook se apoderó de nuestras emociones aquél 30 de septiembre en el Pepsi Center, cobijándose bajo luces tenues y casi dos horas de canciones y recuerdos evocados gracias

al doble obsequio musical que nos brindó en forma de Joy Division y New Order.

Quizá, simplemente era un magistral vaticinio de que algún día Orchestral Manouvers in The Dark, haría lo propio en lo que entonces pareciese estar dejando de ser el Pepsi Center, para convertirse en la “Catedral que alberga algunos de los grandes del Synth Pop y New Wave”, que aún se encuentran en activo.

Y si alguna duda cabía, Paul Humphreys, Andy McCluskey, Martin Cooper y Stuart Kershaw, anoche comprobaron por qué fueron, han sido y me atrevo a decir que serán, una de las bandas más representativas para estos géneros desde 1978 hasta nuestros días.

Minutos después de las 21:00 horas, todos vestidos de negro de pies a cabeza, bajo luces que tintineaban a modo de estrellas y entre algunos tímidos acordes de Dazzle Ships que se fusionaron con Mesagges, OMD salió al escenario. Andy McCluskey se encargó de saludarnos y preguntarnos si estábamos listos, aunque considero que todos lo tomamos como una especie de advertencia sobre la gran noche que tendríamos musical y emocionalmente hablando.

Tesla Girls fue lo que siguió; alegre y juguetón, McCluskey invitaba a todos a integrarse al show con locos movimientos, aplausos y divertidas caras. Los acordes electrónico-pop de History of Modern (Part 1), fue lo que sonó enseguida.

Sin duda lo que hasta entonces habíamos escuchado, era una pequeña muestra de la gran dosis de New Wave que estábamos por tener gracias a Pandora’s Box. Una vez más, a través de su voz y movimientos, McCluskey invitaba a los ahí presentes a sentir cada nota y dejarnos llevar como en una especie de “trance ochentero”, y cómo no hacerlo ante semejantes teclados y ritmos que hacían que hasta el más tímido moviera los hombros y pies como en aquellos tiempos en que se “bailaba” como “robots, con ritmo, diría mi madre.”

Punishment of Luxury fue la encargada de recordarnos que gracias a ella y a la gira para promocionar el álbum en el que se encuentra, y que lleva por nombre The Punishment of Luxury, (que saldrá a la venta oficialmente durante los primeros días del siguiente mes), es que OMD está más viva que nunca.

Con Forever (Live an Die), Paul Humphreys y Andy McCluskey, lograron darle un giro un poco más “lento” a la noche, llevándonos entre la dulzona interacción de sus voces y esos teclados suaves, pero bien definidos que tiene la canción.

Cuando If You Leave irrumpió ante los oídos de los ahí presentes, aquello fue la locura, era un momento simplemente inexplicable. Entre gritos, silbidos y aplausos al cielo, todo mundo sacaba de su ronco pecho el sentimiento provocado por este gran clásico. A cambio de ello, desde el escenario nos llegaban agradecimientos llenos de emoción absoluta, y no era para menos ante semejante “click” y vibra especial que para entonces ya se sentía en el lugar.

Isotype fue la encargada de ayudarnos a recuperar un poco el aliento, por haber cantado tanto. Definitivamente parecía que Kraftwerk estaba colaborando en vivo, pues de principio a fin en cada acorde, se notaba perfectamente la clara influencia de esta banda alemana en el trabajo de OMD, convirtiendo los teclados y las secuencias en un magistral homenaje, con “frases emitidas con efecto “vocoder” y sonidos espaciales y galácticos incluidos, como los que dicha banda usa prácticamente como sello dentro de sus creaciones. Con Souvenir simplemente nos mostraron que el uso de los sintetizadores, cobijado entre lentas y suaves voces, puede convertirse sin problemas en un vals melancólico. La emoción a flor de piel era notoria, y McCluske y lo sentía, pues en ningún momento dejó de interactuar con el público mientras los coros y teclados eran los protagonistas en esta melodía.

No podía ser otra que Joan Of Arc, la que siguiera, pues encajaba perfectamente con el momento lleno de nostalgia y tranquilidad que entonces reinaba en el recinto. Y por si fuera poco, como si nos regalaran un gran pedacito de aquél gran álbum de 1981 llamado Architecture & Inmorality, la ligaron con Maid of Orleans, tal como dicta el orden del disco.

Talking Loud and Clear, con sus teclados espaciales y sus sonidos un tanto infantiles que jamás perdieron la elegancia al incluir un ápice de jazz en su saxofón, envolvieron cada fibra del lugar.

Walking on the Milky Way fue en su totalidad una oda al Synth pop puro, dulce y emotivo, cual poema o cuento lleno de nostalgia y McCluskey lo sabía, pues después de dar todo de sí en esta canción quedó totalmente agotado, por lo que el piso fue su refugio al final de la canción.

Para entonces el grito al unísono de “OMD”, “OMD”, a modo de aliciente para reanimar y agradecer a la banda por tanto, se hizo presente. Metroland se convirtió en una pieza de synth pop angelical y electrónico para bailar alegremente cual querubines danzantes por el Pepsi Center.

So in love definitivamente estaba a punto de provocar que más de uno cayera desmayado por tanta euforia; entre palmas, brincos y el saxofón en su máximo esplendor, todos la coreábamos, llevados eso sí, por McCluskey que utilizaba uno de sus brazos para dirigirnos cual orquesta.

Entre luces rojas y amarillas Locomotion comenzó a escucharse. Un teclado divertido que incitaba a todos a brincotear de lado a lado, se acompañó perfecta y melodiosamente por sonidos tropicales, sin dejar la esencia electrónica de lado.

Agradecidos y positivos, Paul Humphreys, Andy McCluskey y compañía, tenían para nosotros un poco más de OMD, y Dreaming lo comprobó a la perfección. Desde el principio sus teclados nos llevaron a flotar como si hubiéramos emprendido un viaje en nube. Entre luces verdes y moradas, McCluskey cantaba cerrando los ojos viendo al cielo, como si estuviera implorando alguna plegaria, manteniéndose siempre concentrado, divertido y soñador, como la canción misma.

Una batería ruda y desafiante prosiguió a semejante momento; y mientras McCluskey tomaba agua para reponerse y proseguir como los grandes, los teclados se integraban en la introducción de Sailing On The Seven Seas. Al llegar la voz del inglés de nuevo, simplemente se hicieron uno, como bien lo demostraron nota a nota.

De alguna manera cuando McCluskey tomó entre sus manos el bajo, imaginábamos que Enola Gay podría ser la que escucharíamos a continuación, y estábamos en lo correcto; acompañándose del sonido incomparable de las secuencias iniciales, agradecía a todos por estar ahí, y para nada era mal correspondido, pues aquello era euforia y alegría infinita, que se tradujo en una batucada electrónica de los 80’s, con aplausos y gritos de celebración incluidos.

Al finalizar, amable y delicadamente, con garbo y porte de buen inglés, nos presentó a cada miembro de la banda que se encontraba en el escenario. Para entonces era un tanto imposible considerar que nos tuvieran preparado algo más, sin embargo al avecinarse el final del concierto, no podía ser de otra manera. Regresaron sumamente emocionados y agradecidos, podría decirse que hasta incrédulos ante tanta “energía” de la buena, que reinaba tanto en el escenario como entre el público.

 

Secret fue la encargada de dar inicio al gran cierre. Simplemente majestuosa, y ejecutada sin cambio alguno en sus arreglos, de principio a fin logró que cada alma sacara de lo más hondo de su ser, un puñado de emociones y sentimientos a lo largo de sus notas. Ahora los que debíamos reponernos de la impresión, éramos todos los del público, por lo que McCluskey aprovechó para preguntarnos si estábamos preparados para cada minuto y segundo de la canción más antigua y rápida que OMD tiene en su historia llamada Electricity.

Entre luces azules, blancas y rojas, cual bandera inglesa modo de despedida, el teclado, la batería y la voz hicieron lo propio al sonar contundentemente, para darle fin a esta sublime noche dedicada al New Wave y Synth Pop de la vieja escuela, no sin antes nuevamente agradecer por el cariño recibido, junto con una fiel promesa de volver pronto.

Gracias OMD por habernos llevado a una dimensión llamada “1980 y tantos”, en la que la música aún siendo electrónica, mantenía cierta solemnidad, estructura, e incluso obscuridad, como bien lo lleva de estandarte el nombre de la banda.

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